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日志


9月6日

El Eco de la inmortalidad

 

El eco de la inmortalidad

 

La vida es corta como para no amar cada día.
La vida es corta como para amar una imagen del pasado y despojar de divinidad a la esencia de nuestro ser amado.
La muerte llegará pronto y nuestros alientos se acabarán. Poco sentido tiene repetirnos día tras día, por miedo a crear y renovarnos un poco más cada amanecer.
Hay muchas personas a quien amar, como para irse al féretro con unas cuantas decenas en nuestra colección.
Los años pasan pronto, como para desperdiciarlos agradando al otro, dejando que la corriente se lleve nuestra verdadera sustancia…
La vida es corta como para renunciar a la belleza de lo más simple, por buscar eternamente la cima de lo inexistente.
Nuestro cuerpo marchitará. Veredicto irrebatible de que nuestra propia existencia está fuera de nuestro control. Argumento aplastante para no gastar ni un minuto más en controlar lo incontrolable.
Pronto, los párpados cerrarán sus puertas con el candado del deceso. ¿Para qué gastar nuestros días buscando la llave en las fantasías de la inmortalidad de nuestro ego?
Porqué agobiarse por las arrugas, siendo estas recuerdos indelebles de que nuestras células perecerán. Cual inigualables reproches, cada surco en nuestra piel nos despertará con el llamado a vivir plenamente sirviendo al prójimo…
En unos años, nuestra memoria se mezclará con el infinito. ¿Qué pues le llevaremos al cosmos? ¿Acaso un compendio de malos recuerdos?
La vida es demasiado corta como para invertirla acumulando bienes sin prestarle atención a los tesoros divinos de nuestra alma
La vida es corta como para envejecer de angustia de no querer dejarla cuando su fin se nos sea anunciado con anticipación. Es demasiado caprichosa como para retarla con arrogantes planes obsesivos.
Besa una mejilla sin razón aparente,  date una carcajada en público. Vuelve a ser niño, persigue burbujas de jabón, regala una caricia, una lágrima, un abrazo. Conoce a alguien nuevo, has una travesura, deja un vicio, enfrenta tus miedos. Baila tu propia danza, haz el ridículo, habla en público, arrodíllate ante alguien. Busca un amigo perdido.
Olvida quien eres y reinvéntate cada día. Ama, ama y ama. Porque algún día tu corazón dejará de latir, pero tu alma seguirá llevando esperanza al infinito y el eco de tu vida, será pues, inmortal.
 

Luis Alejandro Fernández

Setiembre de 2007