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June 14 La regla olvidada del éxitoHe aprendido que todos los libros de auto ayuda que leo, todas las aspiraciones que anhelo, las metas que ostento, las ambiciones que busco, todas surgen a partir de una superación de mis necesidades más básicas.
Todos los días me levanto, me baño, desayuno, voy al trabajo, nunca me falta el alimento, el amor, el abrigo y la compañía. La buena salud también me ha seguido por doquier. Mis ambiciones han surgido porque aquellos aspectos ya se han vuelto parte integral de mi vida, tanto así, que a veces olvido tener una gratitud solemne, porque a pesar de que todos venimos de la misma luz resplandeciente, y somos parte de este continuo proceso de evolución, en el que el cosmos busca volverse consciente de sí, muchos seres humanos no tienen alimento, amor, abrigo, salud. Talvez ni siquiera tienen agua potable. Ellos no pueden pensar en "Los hábitos de la gente altamente efectiva", en "La Universidad del éxito", o "El Monje que Vendió su Ferrari" porque desde su nacimiento su vida es una contínua lucha por la supervivencia.
Mis impulsos de crecer y de ser mejor cada día no pueden ser cegados por un ego demasiado opaco como para recordar que pudimos haber nacido sin las condiciones necesarias de nuestro entorno para querer cumplir nuestro pequeño gran logro cada vez que un año nuevo nace. Mi arrogancia me puede llevar muy lejos, pero el verdadero gozo, el verdadero salto espiritual, la forma más sublime de demostrar que hemos trascendido, está en la inmensa gratitud que podemos mostrar al ayudar a nuestros semejantes a poder construir el entorno que nosotros tuvimos y que nos permitió querer algo más que satifacer nuestras carencias más escenciales.
He aprendido que querer ser mejor es bueno, pero también he aprendido que ser altamente efectivo no es más importante que ser altamente espiritual. He aprendido que no sirve de mucho vender el Ferrari si no ayudo a aquellos que ni siquiera saben lo que es un Ferrari, he aprendido que la Universidad del Exito a veces no enseña el curso de gratitud. He aprendido que la constante búsqueda de la superación personal puede tomar un camino erróneo si nos olvidamos del prójimo.
June 12 Oda a la Creatividad y a la TransformaciónOda a la creatividad y a la Transformación ¿Qué importa escribir algo estúpido el día de hoy? ¿Qué importa burlar a la escurridiza inspiración y dejar que los dedos bailen por el teclado sin ningún sentido? La creatividad es una fuerza interna que viene de un lugar raro, tan raro que a veces parece ser tenebroso, lleno de gusanos. Al menos así lo pinta mi miedo. Creatividad es una palabra que asusta. Asusta porque es el principio de un asomo a nuestro potencial, algo que corre las bisagras de una puerta que conduce hacia la desintegración de nuestros más profundos apegos. Más de una vez he escuchado decir a la gente, “Es que yo no soy para nada creativa”, a lo que yo respondo: “No has descubierto esa parte de ti”. La creatividad es esencial para desarrollar nuestro potencial; no es un poder raro que tienen sólo los artistas. Hasta el matemático más cuadrado tiene que ser creativo si quiere innovar en su trabajo. La creatividad es el combustible que puso a andar la maquinaria que nos trajo a este mundo, nuestra propia existencia es una muestra de que esta energía trascendental corre por nuestras venas. ¡Nosotros somos la creatividad! Estamos en una era en que los residuos de la colectividad acechan nuestra consciencia y en aquellas economías donde el desarrollo permite que podamos tener todavía más holgura para tomar nuestras decisiones, lo que nos detiene es una suerte de combinación de los residuos de la consciencia de nuestros antepasados, que cuál tribu precolombina, tenían que renunciar aún más a su individualidad para que su grupo sobreviviera. Ahora tenemos más libertad, más recursos, más herramientas, ahora más pueden hacer cosas que antes sólo unos pocos podían. Ahora el abanico de posibilidades para ensanchar nuestra energía creativa es mayor. Sin embargo, estas economías desarrolladas en dónde el ego se zambulle y bebe del agua de la piscina para hacerse más grande, tienen un problema. Creemos que es individualidad, creemos que es el ego en busca de su propia vanagloria, los carros último modelo, los músculos, la silicona, las riquezas, el alto puesto en alguna jerarquía organizacional, todos los queremos para nuestro propio bien. Creemos que ese egoísmo es un fenómeno individual, pero en realidad no es más que otra cosa que la socialización tribal en un estado más evolucionado. Muchas veces renunciamos a nuestros sueños y a nuestra energía creativa por querer hacer juego con el patrón de la sociedad. Ese reflejo de que nuestro ego es capaz de hacer algo grande, de lograr alguna tontera, tener mucha plata, vivir en un buen barrio, en fin, esas cosas son importantes, eso no lo voy a negar, pero son importantes si las hacemos por una decisión propia y no por una presión social. Esto no es un sermón, si lo fuera, no aceptaría que lamentablemente, a veces sólo podemos distinguir la engañosa voz del Yo social cuando ya nos hemos embriagado demasiado de ella, cuando el sufrimiento ha obstruido cada uno de los canales del hígado, incapaz de purificar más ni una sola gota de veneno proveniente de ese impulso seductor que nos moviliza hacia una muerte del todo y un reinado tenebroso del Yo. Un falso Yo que empeña nuestros sueños a cambio de una fachada cimentada sobre las arenas movedizas de la moda actual. Algo que no quiero dejar de lado es que todos estamos expuestos a los caprichos de la cultura desde que vamos en el vientre. Imposible escapar a ellos, menos teniendo a los propios padres como garantes de esa cultura. Mentiras que uno puede quitarse las normas sociales como sacarse el anillo matrimonial del dedo. Eso no sucede. Lo bonito, sin embargo, está en poder llegar a un momento de la vida donde podemos ver flotar los condicionamientos sociales alrededor de nosotros mismos. Cuando yo era muy pequeño, y estaba en la cuna, mi mamá tenía un carrusel de figurillas colgando del techo, algo que recuerdo, me resultaba muy entretenido, sobre todo cuando aquel sitio era el lugar de largas horas de reposo. Hoy día me pregunto, ¿cómo aquel poco de figurillas de fieltro me pudo haber entretenido tanto? ¡Ahora me resulta dramáticamente aburrido y carente de diversión! Lo mismo ocurre con estas normas sociales que nos atan al piso y nos impiden darnos cuenta que tenemos alas. Si bien es cierto que una vez nos sirvieron para entretenernos en la telaraña social, sumergirnos en ella y buscar el eco de la aceptación materna y paterna en el grupo al que pertenecemos, llega un momento donde resultan enfermizas, y se convierten en una camino lleno de espinos que impide desarrollar nuestra capacidad de adaptarnos a la realidad. Se vuelven un recuerdo congelado al que recurrimos en un intento ilusorio por ocultarnos en una niñez que nunca volverá. Una tentativa de regresar a aquella inocencia, que tras los barrotes de la cuna, nos protegía de la espinosa superficie de la realidad. En las sociedades más urbanizadas de hoy en día, buscamos una especie de escisión social. Pensamos que queremos crecer nosotros solitos, que lo podemos hacer todo por nuestra cuenta, pero en realidad lo hacemos todo por una presión social que está tan incrustada en nuestra inconsciencia, que nos hace pensar que somos nosotros mismos. Es una fusión con lo social, es un apego tremendo a esos arquetipos, a esos mandatos, queremos separarnos de la sociedad, pero en realidad nos estamos pegando con ventosas aún más a ella. El verdadero cambio, la verdadera transformación viene cuando cesamos nuestro intento de separarnos de los demás para ser mejores, sino que más bien nos vamos dando cuenta que la ilusión de nuestra individualidad nos impulsa a crecer pero con un objetivo diferente, no la vanagloria, no las riquezas, no la fama, sino el bien de cada ser humano, de cada ser vivo que proviene de este mismo polvo cósmico que nos trajo a este mundo. El resto de los bienes materiales pueden venir como resultado, pero nunca lo tuvimos como un fin. Así es cómo realmente los podemos disfrutar más sanamente. Esa transformación también se puede apalancar sobre nuestros fervientes deseos de éxito y riquezas personales si logramos trascenderlas a tiempo. Muchas veces llegamos a nuestro propio extremo, destruimos nuestras familias, acabamos con nuestro cuerpo pensando que puede absorber todas las drogas y alcohol que les metamos, un golpe a nuestro orgullo nos tumba, el éxito ya no sabe tan dulce, el hambre es insaciable, la fórmula no sirvió. Muchas personas pueden pasar inmersas toda la vida en la fórmula del éxito que cegó la posibilidad de tan siquiera soñar en niveles más exquisitos de felicidad y amor. Otros, sienten una sensación de vacío que es como una pequeña chispa en la oscuridad, pero jamás lo suficientemente iluminada como para trascender el manto que la envuelve. El vacío se va a la tumba con ellos. Pocos son los que pueden subir el siguiente peldaño, los que pueden reconciliarse con su propia esencia y decirle adiós a sus más impregnados hábitos que fueron forjados con la materia prima del espejo social. Los que lo logran, lo hacen gracias a que la vida misma los pellizque a través de una tragedia que sólo es medida en función de sus miedos más profundos, o bien porque la misma iluminación que buscábamos en nuestra imparable búsqueda de placer personal nos la topamos, pero en una forma tan desilusionante y tan catártica a la vez que nos hipnotiza y nos atrae hacia su túnel de luz. Así es, esta era de egoísmo, de individualidad, de soberbia e indiferencia puede ser un peldaño necesario. Esa resaca dolorosa que necesita la humanidad para poder despertar de un pequeño letargo causado por las comodidades de la vida moderna que engordan al propio yo. Necesitamos despertar al día siguiente de la glotonería, con el remordimiento de décadas y décadas de auto-destrucción, con la deshidratación de años y más años de no darle de beber al alma, para poder descubrir que la única forma de seguir sobreviviendo es a través de una evolución consciente que necesita renovarse a sí misma una y otra vez, y desempolvar las energías creativas que habían quedado en el olvido. Dejemos de pensar en la humanidad. Pensemos en nosotros mismos. ¿Necesitas tú una fuerte resaca o una zarandeada a tu propio orgullo para transformarte? ¿o qué tal una pérdida dramáticamente dolorosa para poder tener el valor de escalar el siguiente peldaño? ¿O morirás glotón dormitado en tu propia ignorancia? ¿asfixiado con la grasa egoica acumulada por toda una vida de volverle la cara al amor creativo? Estoy nadando en un hermoso lago de tibias aguas. Al salir del agua tibia sentiré un intenso frío porque mi cuerpo ya se ha aclimatado a la comodidad de esta calidez. Pero si quiero pisar el áspero césped de la realidad, y respirar el fresco aire de las montañas que adornan el horizonte, ciertamente tendré que salir de este lago, antes de que me duerma en él, y despierte sumergido en el fondo de sus aguas donde ya la cima de aquella hermosa montaña se ha escondido de mi vista. Allá voy… June 09 Las ReglasLas Reglas
Te has perdido en la cueva La oscuridad se parece a mi mente Le huyo y le huyo El placer me llama Pero ¿será placer? La inspiración se escabulle ¿O yo me le escondo? !Perdí! El potencial me encandiló Quedé ciego Y ahora sigo las reglas Cuál cómplices Me protegen de ver mi propia luz |
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