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May 20 Semillero de feligresesLa ínformación contenida en este post es un relato ficticio. No representa la opinión personal del creador del blog ni de los grupos públicos y privados donde se desenvuelve. Tampoco pretende ofender a nadie, más bien despertar el debate intelectual sobre asuntos de actualidad.
Yo no sé que es más estúpido. Prohibir los métodos anticonceptivos artificiales por razones religiosas o pensar que aquellos van a lerdear la propagación de enfermedades venéreas y embarazos no deseados.
Mientras que la discusión del aborto es moralmente más compleja, darle un matiz de blanco y negro al tema de los anticonceptivos es de simplones.
Primero que todo entendamos algo: Los altos jerrcas de la iglesia católica son personas altamente educadas, con un nivel académico envidiable y muchos años a sus espaldas. Cualquiera que piense que estos ilustres señores realmente creen que ponerse un pedazo de hule en la polla es pecado, tiene problemas demográficos de neuronas en su cerebro. Por el contrario, la Iglesia está siendo muy astuta -no creo que moral, pero igual dá, porque las instituciones religiosas no necesariamente se caracterizan por ser modelos de moralidad- al lanzar una prohibición tan polémica. El Vaticano sabe que la reducción en los índices de natalidad en un país puede calzar con un detrimento en los valores religiosos tradicionales. Esto es, mientras menos hijos quiero tener, más probable es que sea más egoísta, materialista, y poco religioso, en comparación con la generación anterior (nuestros padres católicos o pentecostales). Entre tanto que, una familia patriarcal será más propensa a cobijarse en la tradicionalidad con el fin de mantener su linaje autoritario y utilizar los axiomas incuestionables de la fé para quedarse con la ilusión del control.
El Yo-individualista, en contraposición con el Yo-tradicionalista ve en la iglesia una amenaza para perpetuar su sensación de separación con el resto. Su jornada de éxito personal lo hace una persona convenientemente relativista, menos dispuesta a tener hijos y mucho menos a ir un domingo a la iglesia cuando podría estar en la playa, o trabajando extras para ser mejor que otros, o bien haciendo yoga o meditación, formas más chic de espiritualidad. Este Yo- individualista, en medio de su escalada de autoestima, cree en el sexo libre de tabúes y en el condón, las pastillas y cualesquier otra forma artificial de anticoncepción como aliados altamente valiosos.
Al condenar el condón, la iglesia siemplemente se está asegurando su contigente de feligreses en el largo plazo, pues está fomentando la reproducción del tradicionalismo y el patriarcado. Será más difícil atraer a misa a 3 niños de padres católicos que un hijo único de yuppies que estudiará en Suiza y tendrá Ipod y laptop a los 11 años.
Desde luego que cualquier católico sofisticado de altos valores y profundas raíces filosóficas, verá mi aseveración como una ofensa personal. Y tendría razón. Estamos claros que tradicionalismo no necesariemente es sinónimo de catolicismo. Aunque por estadística podríamos decir que sí. El punto es que hay católicos no-tradicionales que se han alejado del purismo mediocre del feligrés normal y ejercen su religiosidad solemnemente. Sin embargo, me atrevería a decir que este grupo de católicos solmenes y dedicados, pocos acataron o acatan el "ordenamiento del condón". Una persona de este tipo ha alcanzado tal nivel de sofisticación que muchos beneficios de la modernidad ya están incrustados en su ADN.
A los feligreses católicos no mediocres y practicantes profundos de la doctrina que sí obedecen a los mandatos de reproducción de la Catholic church, no tengo nada que decirles más que siempre serán una minoría rara.
Voy a dejar de darle palo a los católicos y me voy a concrentrar en los cínicos con complejo de superioridad que están a favor de los métodos anticonceptivos. Pero eso será hasta el próximo post. |
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