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    May 06

    La Muerte

     La muerte

     ¿Qué es la muerte? La muerte es el fin de la vida en este planeta. La Muerte es el corazón de todos nuestros miedos. Es la agonía de nuestra existencia, el inicio de algo que comenzó desde que fuimos concebidos. La muerte es la transformación de nosotros en algo más, la muerte es el fin de la oportunidad de descubrir de qué se trata ella misma.

    La muerte es dejar de utilizar el aire como fuente de energía, sustituyéndolo por el polvo estelar del cosmos. La muerte es lo que más nos reciente de la vida, es el misterio más resuelto y a la vez más desconocido del que nos hayan contado. Le huimos porque nos enseñaron a huirle. El gen social nos transmite repulsión hacia ella. La muerte  es algo que nos recuerda de dónde venimos, es la llamada de atención porque estamos perdiendo el tiempo en esta vida. La muerte nos persigue a todos, no es racista, siempre gana la carrera, nos da un nuevo aliento y nos  convertirá en algo que no sabemos qué es. La muerte es una pregunta que sólo se contesta con ella misma. Es una luz resplandeciente oscurecida con el miedo enseguecedor de los sentidos. Todos sabemos qué es la muerte y en qué nos convierte. Todos lo podemos intuir, pero le tememos tanto que llegamos a olvidar y a bloquear nuestros sentidos y ese olvido es aquello mismo que no s arrebata ese derecho de disfrutar la existencia. Temiéndole al fin de las cosas es que nos aferramos a ellas, y  entonces la ignorancia que más bien es un olvido auto infringido, nos produce sufrimiento.

      La muerte es un abrir de ojos, es una realidad que hacemos irreal, es una leyenda que se materializa. Hilamos fantasías para negarla, fantasías que se nos vuelven en contra. La muerte es una herida para el ego, es una lanza que se clava en la vana idea de que nuestra individualidad es eterna, que nuestros recuerdos quedarán pegados a nuestras neuronas por siempre. La muerte es un latigazo que nos dice que nuestra idea de eternidad en el paraíso es una invención del ego para apaciguar el miedo hacia la próxima cruzada. La muerte es un reloj de arena que escondemos en algún lugar y olvidamos dónde lo pusimos hasta que su propia arena envuelve nuestro féretro. La muerte nos despega las lágrimas de nuestra existencia.

    Es una herramienta celestial que nos recuerda quiénes somos. Es el boleto hacia otra forma de vida. El desconocimiento de su propia naturaleza es lo que nos da energías para aprovechar el tiempo que se nos da en esta vida. La muerte es la mejor motivación que tenemos para combatir nuestra ignorancia, es el certificado sublime de que somos algo más. La muerte es un consuelo, una afirmación de que nuestra existencia trasciende el polvo del que vinimos, es una despedida afectuosa de aquel vehículo que nos transportó por el pasaje por esta vida. La muerte no es fría, la muerte es caliente. Es una llama que nos consume pero para nutrirse ella misma y que se apaga cuando se ha fusionado por completo en el viento que se une con el todo.

    May 03

    De Ciudadano a Ciudadano

      De Ciudadano a Ciudadano

     Una perspectiva sobre el libre comercio y las implicaciones del TLC para Costa Rica

    ¿Qué tiene que decir alguien que no es político, ni empresario, ni sindicalista sobre el TLC? Si pensamos en un político asumimos que su opinión estará distorsionada por los intereses de su partido. Un empresario, presumiblemente estará a favor dependiendo de lo beneficiada que se vea su industria del acuerdo, y un sindicalista se supone que defenderá los intereses de su gremio. ¿En la opinión de quién basamos nosotros, los asalariados de la clase media, para armar nuestro criterio e ir a votar en el referendo? Yo creo que en la de los tres, pero también propongo que añadamos a la ecuación las opiniones de ciudadanos que no entran en ninguno de esos grupos.

    Soy un profesional miembro de la clase media.  Los ingresos que percibo son suficientes para vivir por encima del estatus económico que me brindaron mis padres. Al igual que a muchos de nosotros, el estilo de vida que ostento se explica, entre otras razones, en el crecimiento de la economía nacional y global de la década de los noventa, que a su vez,  permitió  el fortalecimiento de la clase media. Este estrato social medio también surge gracias a la posibilidad que tuvo de tener acceso a una plataforma educativa en la que nuestros gobernantes liberales invirtieron durante el siglo pasado, y que para aquellos tiempos, era de avanzada. Esta plataforma, nos sirvió a muchos de catapulta para poder convertirnos en profesionales calificados, lo que ahora nos permite tener acceso a bienes materiales a los que la mayoría no podía acceder en la Costa Rica de los 50s. La mayoría de los “clase medianos” trabajamos con un objetivo primordial: Mantener cierto estilo de vida para vivir cómodamente y permitir también que nuestros hijos puedan heredarlo.

     

    La clase media costarricense, en todos sus colores y sabores, representa una mayoría en las urnas. Las decisiones que nosotros tomemos incidirán en gran manera sobre el futuro del país; el referendo sobre el TLC no es una excepción. Sin embargo, para tener una visión un poco más objetiva del asunto, es prudente que elaboremos un criterio que se despegue un poco de las visiones un tanto opacas que usualmente vemos en los medios.

    En mi opinión, la mayoría de la información a la que los costarricenses hemos sido expuestos en relación al tema del “bendito TLC” ha sido sesgada de alguna forma por algunos políticos, empresarios y sindicalistas -grupos que por cierto, no son mutuamente excluyentes- ¿Por qué sesgada? Primeramente porque presentan al TLC como un componente aislado, como un fin, como un único pilar y no como un instrumento político y económico que es parte de una estrategia integral para mejorar la economía del país. En segundo lugar, la mayoría de las publicaciones, anuncios y artículos están cargados de valoraciones absolutistas, que nos hacen creer que la suscripción del acuerdo es o buena, o mala, blanca o negra, un milagro o una condenación, cuando en realidad es una mezcla de ventajas y desventajas, un conjunto de políticas perjudiciales y beneficiosas, un reflejo de quién es el fuerte y quién es el chico en este tratado “bilateral”.

    Partiendo de esto, quiero sugerir una serie de puntos de vista que no son tan populares en los medios de comunicación y que pueden despertar preguntas interesantes sobre este debate, y de repente, educar un poco más con miras al referendo.

     

    1. No se trata de “el TLC”, más bien, se trata de Apertura Comercial: Muchos de los adeptos “extremistas” al TLC –y no todos los adeptos llevan ese calificativo, claro está- tienden a asociar los beneficios generales de la apertura comercial –entiéndase, la eliminación de obstáculos para hacer intercambios de mercancías entre un país y otro- con los beneficios de este tratado. Lo que ignoran es que las circunstancias que rodearon la negociación del acuerdo, no necesariamente coinciden con la definición de “apertura comercial” del diccionario de economía. Esta realidad hace que su opinión esté sesgada. En realidad, hay capítulos del acuerdo que traen claras desventajas para la economía nacional, y que claramente inclinan la balanza en favor del gran vecino del norte. Otras personas, conscientes de esto, predican a diestra y siniestra que el TLC es como el maná caído del cielo, pero su agenda oculta se sustenta en los beneficios personales que obtendrán como consecuencia, y que indeleblemente, también impactarán de manera positiva a sus socios, colaboradores y empleados. Del otro lado del río están los que se niegan tanto a la apertura comercial como al TLC. Sumidos en el idealismo, este tipo de personas usualmente se adhieren a esta corriente por puro resentimiento social, rebeldía, e inclusive, por miedo a perder la dependencia que han adquirido del estado y sus beneficios, muchas veces exagerados, correspondientes a una época del país, que si bien fue necesaria, ahora requiere de una transformación radical que no niegue totalmente sus raíces. En resumen, la apertura comercial es lo mejor a lo que puede aspirar una economía en estos días, pero “TLC” no necesariamente es sinónimo totalmente fiel a esa aspiración, al menos para centroamérica.
    2. El TLC no es ni totalmente bueno ni totalmente malo: El TLC ni es la pomada canaria, ni tampoco la destrucción de nuestra soberanía.  Ambas posiciones extremistas lo que hacen es confundir a la ciudadanía. El TLC es un instrumento de comercio para generar ganancias y enriquecer a los negocios, no es una obra de caridad. No pretende beneficiar a todos los habitantes de un país. Más bien, aquellos individuos que sean beneficiados o afectados será sólo como producto de un efecto colateral, pero al fin y al cabo el tratado está hecho para beneficiar a empresas y a sus comerciantes, y eso no tiene nada de diabólico. Es la dinámica mundial, la cual también tiene sus grandes menoscabos. Las consecuencias del libre comercio, y de este tratado, son tanto positivas, como negativas. El tamaño del impacto se va a definir en función al nivel de madurez con que asimilemos, como país, un cambio de este tipo. Esto me lleva al siguiente punto:
    3. Si el tratado no se hace acompañar de una agenda complementaria, sus desventajas se maximizan: Lamentablemente por lo que vamos a votar en el referendo es un reflejo de la posición fragmentada que pone el acuerdo al centro de la estrategia, y no como un instrumento más de ella. Ojalá el referendo fuera para votar a favor de una estrategia de desarrollo donde el TLC sólo es un componente. Sin embargo, será un sí o un no a favor del tratado. Esta escición del CAFTA del resto de la política económica y social del país abre las puertas para que los gobiernos puedan continuar con un rumbo borroso en éstas áreas, y dejar al país desarmado ante un nuevo reto: La inserción cada vez más remarcada en un mercado global, donde otras naciones tienen mucho más claro lo que deben hacer para aumentar su competitividad internacional.
    4. Nuestra economía depende de Estados Unidos, nosotros somos el pez chico: Lo que muchas de las personas que están en contra del TLC no quieren aceptar, es que las desventajas tan publicitadas del acuerdo, son una clara evidencia de que en la negociación llevada a cabo, Costa Rica y sus vecinos, jugaron el papel del pez chico. Nuestra economía depende mucho de Estados Unidos, es como una suerte de dominación pasiva, dominación que nos hace ver como si estuviésemos atrapados en un túnel sin salida, donde no aceptar las condiciones implicaría consecuencias más perjudiciales que las que traería aceptarlas. Si bien es cierto que hay salidas razonables para crear fuentes de comercio alternativas, es prudente preguntarse si Costa Rica cuenta con el tiempo y con la voluntad política necesarios para poder asumir los retos que traería cerrarle las puertas a este tratado. En resumen, estamos en una posición difícil, Estados Unidos ejerce una dominación comercial la cual se ha hecho patente en algunas de las condiciones del tratado. Hay que considerar seriamente si la opción de enviar un mensaje de aislamiento al no firmar el acuerdo es lo más apropiado para un país como Costa Rica, que sobrevive en un istmo que cada vez acorta más la ventaja que ganamos como economía en la década de los 80s.

    De estos cuatro puntos saco algunas conclusiones. En primer lugar, si firmamos el TLC, algunos costarriceses gozarán su lado bueno, sin embargo el panorama socioeconómico está cuesta arriba si no se cristaliza una visión de país que visualice los impactos negativos de corto y –sobretodo- largo plazo y que los compense con una agenda complementaria. Ignorar este punto ha sido el gran error de los otros países que han firmado acuerdos similares y cuya economía más bien ha tenido más tropiezos que avances. Segundo, si no firmamos el TLC, la cuesta se hace todavía más empinada, pues el país estaría enviando un mensaje negativo a muchas empresas extranjeras, que como dije, son las que resultan más beneficiadas del acuerdo,  y que son las emplean a muchas personas pertenecientes a la clase media de Costa Rica. El hecho de que la cuesta sea más empinada en este escenario, no significa que sea imposible.

    He notado que la mayor parte de los miembros de la clase media-media, media-alta están a favor del TLC, pues la mayoría intuyen que la atracción de inversión extranjera puede darle continuidad a la estabilidad económica que les ha permitido insertarse o mantener un estilo de vida cómodo para su familia. También sienten que la apertura comercial puede nutrir las fuentes de empleo, haciendo más grande el abanico de opciones de crecimiento y alternativas para seguir percibiendo un salario digno y acorde con sus competencias. Sin embargo, tomar en cuenta este único criterio de interés personal nos llevaría a caer en el mismo error de algunos políticos, sindicalistas y empresarios. En el fondo, podríamos estar patrocinando intereses egoístas de corto plazo que inclusive podrían afectar a nuestros hijos en el futuro. Por si fuera poco, no estaríamos tomando en cuenta la suerte que correrían las clases más necesitadas del país. Respecto a estas últimas, podrían ser los grandes perdedores del partido, no importa cuál camino tomemos; pues una inserción más fuerte en la economía global requiere de mano de obra más calificada que compita a nivel internacional. Precisamente, si la apertura económica no se complementa con inversión social para que los pobres puedan acceder a educación tecnificada que les prepare para absorber nuevas fuentes de empleo, se quedarán rezagados, y su obsolescencia académica los dejará estancados en un nuevo capítulo de la economía que aumentaría la brecha entre ellos y el resto de las clases. Este fenómeno es muy común en países como Brasil y México, donde el contraste entre los ricos, la clase media y los pobres, tiene proporciones alarmantes.

    ¿Qué será lo más preciso entonces? Ante la incompetencia de las últimas administraciones de lograr un consenso y afrontar la ingobernabilidad en la que vive este país, a mi entender, lo mejor que podemos hacer los miembros de la clase media es comprender que cada vez más el destino de nuestro bienestar socioeconómico debe de recaer en nuestras propias manos y depender menos de aquel estado benefactor y paternalista que fundaron los grandes líderes políticos de antaño. Muchos de los detractores del TLC le tienen un pavor terrible a esto, pues se han abusado de los beneficios que otorga el estado. Por otro lado, debemos entender que la mejor forma de atraer y mantener las fuentes de empleo que sostienen nuestro estilo de vida es a través de la apertura económica, y que eso tiene un precio que todos tenemos que pagar; lamentablemente estamos ante un panorama global donde nuestro poder de negociación se ve reducido por la incapacidad de integrar un solo bloque negociador en el istmo, que realmente pueda reducir la desventaja intrínseca de negociar con las grandes economías del orbe. Otra cosa que debemos de tomar en cuenta es que, ante el desequilibrio de ventajas y desventajas de la apertura económica y particularmente, del tratado comercial en cuestión, es imperante que adoptemos la educación y el aprendizaje como un hábito continuo en nuestras vidas, de manera que nuestras capacidades profesionales estén renovándose y actualizándose una y a otra vez. Este énfasis en el fortalecimiento de nuestras habilidades nos puede ayudar erradicar los vicios culturales que como trabajadores, tenemos los costarricenses y de esta forma construir una fuerza laboral más competente en comparación con las naciones contra las que rivalizamos en la arena laboral del globo. Al fin y al cabo señores y señoras, lo mejor que tiene Costa Rica es su gente, así que valoremos ese patrimonio.

    Adicionalmente, no nos quedemos con los brazos cruzados ante los altos riesgos del incremento en la brecha social que representa la apertura económica en condiciones desequilibradas como las que afrontamos como nación. Cada familia de la clase media debería hacer el propio por adoptar un niño pobre y financiarle los estudios para que no se quede atrás en la parte académica. Hay varias fundaciones dedicadas a este fin. Apoyando su causa, nosotros podemos hacer la diferencia. Para Finalizar, vayamos a votar al referendo, indistintamente de cuál sea la posición. La clase media en Costa Rica aún es muy numerosa, y tiene un poder importante sobre las urnas. Sepamos valorar que toman en cuenta nuestra opinión, y la de todos los costarricenses, para tomar esta decisión tan importante para el futuro de nuestra patria.

    Estoy seguro que este ensayo deja por fuera muchos aspectos y detalles relacionados al TLC y todas sus vicisitudes, lo cual es un reflejo de mi falta de conocimiento en el tema. Tal vez lo más rescatable que presento es promover una visión más globalizada del contexto en que estamos y no simple y sencillamente pensar sólo en nuestro propio bienestar. Muchos de los que leen este artículo cuentan con la bendición de tener estabilidad económica, y es indiscutible que es honorable querer llevar ese bienestar a otros hogares más allá del nuestro.

    Luis Alejandro Fernández

    Mayo de 2007