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日志


4月16日

Inspiración

 

Inspiración

 

 

Azotada por las costumbres

Revolcada por la mafia de las leyes

Enterrada por las autoridades del ego

Destruida por los engaños de la percepción

 

¿Donde demonios te has ido?

¿Acaso te marchaste por voluntad propia?

¿o realmente yo te expulsé?

!Vuelve a mí!

¿Porqué te he dejado ir?

 

Navego en los recuerdos

de mis días de niño

Para ver si te encuentro

No juegues a las escondidas conmigo

Tengo miedo de perderte

No te vayas

No socaves mi arte

No me dejes a solas con el convencionalismo

No dejes que este magneto social me atrape

Y me deje magnetizado para que atraiga otra gente.

 

¿Donde te encontré?

Te encontré escribiendo este poema

Nunca te habías ido

Te había escondido yo en mi bolsillo

 

4月11日

El regreso a la pradera

 

El viejillo hizo una mueca luego de esa extraña pregunta de Franco, entonces lo único que hizo fue ignorarlo y con una cara de enojo siguió con su rutina de ejercicio. Franco le restó importancia a ese rechazo y continuó con la siguiente persona que estaba en la fila de bandas elípticas. Era la misma hermosa mujer que se había topado antes, vestía un buzo rozado, y portaba unos audífonos mientras hacía su rutina de ejercicio. Como estaba distraída con la música no se había dado cuenta del incidente con el otro señor. De la misma forma, Franco se le quedó viendo, su mirada parecía más bien un poco más relajada que con el viejo anterior. Ella lo volvió a ver y como que esgrimió una sonrisa que delataba un poco de extrañamiento pero a la vez en un leve tono de burla. Siguió corriendo como si nada, pero después de un minuto no pudo más, oprimió un botón que bajó la velocidad de la máquina se quitó los audífonos y con una expresión de extrañamiento preguntó: - ¿qué te pasa?

La respuesta fue inmediata: - “¿Porqué no vas a correr con los perros que están afuera? En el campo, cerca de las montañas…”

Ella siguió oprimiendo el botón, hasta el punto en que ya dejó de correr y estaba apenas caminando.

-                   ¡Cuáles perros! ¿Te sientes bien?

-                   ¿Porqué vienen a este lugar a correr hacia ningún lado? No entiendo. Allá afuera hay montañas

-                   ¿Montañas? ¿Cuáles montañas?

Franco volvió a ver hacia la señora que estaba corriendo del lado derecho de la chica de rosado. La doña esta ya se había metido en la discusión a través de su intromisoria mirada.

-                   Señora, Ud. también, ¿porqué corre aquí hacia ningún lado y no va a la pradera tan hermosa?

La señora no respondió, sólo volvió a ver a la muchacha del buzo rosado y le dijo:

-                   Debe de ser un vago de la calle que se metió a molestar

Ninguna de las personas respondió a la inquietud de Franco. Un poco decepcionado de aquella escena se volvió para retirarse del lugar. Notó que el primer señor al que le había hablado ya se había ido, pero dejó la banda elíptica activada y a una velocidad alta.

De repente vio que venían hacia él el mismo señor con un tipo como de metro noventa, con una camisa blanca apretada al cuerpo y muchos músculos. “- Es él” le dijo el viejo al musculoso señalando a Franco.

El matón se acercó seguro e intimidante, tomó al delgado Franco de un brazo y le dijo:

-          “Lo voy a sacar de aquí”

Franco como que se quiso oponer y agitó su brazo para liberarse de las manos grandotas de aquel tipo, en ese movimiento dio un paso hacia atrás y se tropezó con la banda elíptica que había sido dejada en movimiento. Como se iba a caer de espaldas el tipo musculoso trató de sujetarlo con el otro brazo, pero se resbaló y ambos cayeron sobre la banda elíptica. Como ésta iba muy rápido, la fuerza de la misma los aventó contra el ventanal, y como Franco era muy delgado no pasó nada, pero cuando el tipo grandote rebotó contra el vidrio lo partió en mil pedazos.

  El gimnasio se paralizó.  

Varios minutos después Franco estaba siendo subido al carro de la policía con las manos esposadas. Un tumulto de gente se había congregado. Adentro del gimnasio varias mujeres atendían al fortachón que tenía una cortada en la cara a causa de los cristales rotos.

Mientras Franco se subía a la patrulla miró hacia el horizonte. El sol se escondía tras aquellas montañas. En la acera de enfrente había dos perros negros sentados muy parecidos a los que había visto hace rato corriendo por la pradera. Si eran los mismos tuvieron que haber recorrido al menos un par de kilómetros desde aquel sitio. Los canes miraban aquella escena, enfocándose en Franco. Tenían una mirada compasiva, ¿o más bien era el reflejo de la suya en los ojos de los animales?

La muchacha oriental de rosado estaba contemplando la escena del arresto, vio con tristeza cómo subían aquel extraño joven a la patrulla. Notó que Franco miraba hacia el horizonte. El se dio cuenta que ella lo estaba viendo y luego adrede volvió su mirada hacia el paisaje nuevamente. Ella lo siguió. Vio las montañas y como que entró en cuenta de aquella cuestión de la que le había hablado Franco.

Ella nunca volvió a verlo, pero desde entonces corre todas las mañanas por aquella pradera.  

4月8日

La Isla de la Aceptación

Iluminación y Consciencia

La Isla de la Aceptación

 

Visita más a menudo la Isla de la Aceptación si quieres cambiar el mundo. Eso te dará más energías.

La psiquiatra estadounidense Elizabeth Kubler-Ross  escribió acerca de las 5 etapas por las que, según ella,  atraviesa todo ser humano cuando le dan la noticia de que va a morir irremediablemente. Estas etapas son:  

1. Negación. La persona puede negarse a creer la noticia de que va a morir. Algunas personas permanecen en esta etapa más que otros, pero generalmente es una etapa temporal; sin embargo, la negación puede resurgir en cualquier momento.  

2. Enojo. La persona puede cuestionar lo que ha pasado. Al no encontrar una explicación lógica, puede explotar en enojo por la aparente injusticia de todo ello. El individuo también puede sentirse culpable por estar enojado.  

3. Regateo. Este usualmente es un intento por posponer la muerte. El moribundo frecuentemente no le dice a nadie que está atravesando por esta etapa. El regateo se hace generalmente en secreto, frecuentemente con Dios. 

4. Depresión. Cuando el moribundo se enfrenta con el hecho de que la muerte es una realidad, frecuentemente entra la depresión. Puede venir cuando ya no pueden ignorarse los síntomas de una enfermedad mortal. La persona puede expresarle a sus seres queridos o consejeros sobre sus sentimientos de pesar acerca las cosas que ya se perdieron y por las pérdidas que se van a dar.  

5. Aceptación. Cuando la persona moribunda supera los sentimientos y conflictos que han surgido, puede ahora estar listo para aceptar el hecho de que la muerte vendrá pronto. El consejero lo reconocerá como un tiempo de quietud emocional. El aconsejado habrá alcanzado un estado de paz.

 

Lo interesante de estas etapas es que fueron creadas por la autora para aquellas personas que por una cuestión fisiológica se les anuncia que van a morir, un enfermo de cáncer por ejemplo. Sin embargo, mi parecer todos los seres humanos atravesamos por estos estadios a lo largo de nuestra vida sin que necesariamente alguien nos avise que vamos a morir. En este caso el portador de la mala noticia no es un doctor o un familiar, sino más bien la sabiduría perenne que viene de nuestro inconsciente y que nos dice que nuestro tiempo en este cuerpo es limitado y que algún día dejaremos de respirar, no sabemos cuándo ni cómo, pero la muerte llegará un día y nos arrebatará la vida en esta forma como la conocemos.

El hecho de que ignoremos este llamamiento que viene de los rincones de nuestra consciencia hace que muchas veces actuemos como si nuestra vida fuera para siempre, posponemos continuamente aquellas cosas que nos pueden redimir, botamos al basurero nuestro potencial, despreciamos el amor de nuestros seres queridos, dejamos para después la necesidad de ayudar al prójimo, ignoramos el sufrimiento de este mundo y nos avocamos a escondernos con la seguridad que nos da esta vida para no saber que la muerte anda por ahí y que viene acompañada de sufrimiento.

Yo creo que la humanidad pasa mucho tiempo en la tapa de negación de Kubler-Ross. No queremos aceptar que vamos a morir, o lo sabemos pero pensamos que ocurrirá en mucho tiempo y minimizamos los sentimientos que vendrán a nosotros  cuando el momento se acerque.

¿Porqué no mejor saltar a la etapa de enojo de una sola vez? O nos tenemos que enojar cuando nos acordamos de lo corto de este recorrido y alguien cercano a nosotros, que amamos, se muere y entonces la vida nos pega un pellizco y nos dice ¡hey! ¡Tú también te vas a morir!. Prefiero cuestionarme la muerte ya en este momento, dejar que la parte carnal de mí empiece a explotar en furia por la injusticia de venir a esta vida, disfrutar de lo bueno de ella y saber que nuestros cuerpos se marchitarán y partiremos hacia no sé dónde. Quisiera también empezar a regatear con Dios en este momento. Negociar la inmortalidad con él, decirle que no quiero morir, que me dé un poco de tiempo más, que me deje vagar sobre las pasiones del ego e ignorar lo que realmente es importante. Luego quiero deprimirme ya, al saber que las células de mi cuerpo cada año se regenerarán con menos eficacia que el año anterior hasta el momento en donde ya sea oportuno dejar de regenerarse. Los síntomas de la muerte ineludible no tienen que ser físicos, sino que más bien espirituales, el síntoma más fuerte de morir es nuestro apego a lo material, incluyendo a nuestro cuerpo y la depresión que evitamos toda una vida es para no darnos cuenta que esta existencia lleva en el paquete la pérdida como algo indeleble y la pérdida que más tememos es la de nuestro cuerpo. Quiero sentir ahora en este momento las cosas que lamentaría si supiera que me voy a morir mañana, ¿a quién no le dije “te quiero”? ¿Cuáles sueños no intenté cumplir? Quiero saberlo ya, para ir de inmediato a hacerlo, sin tener que esperar a que esté en mi lecho de muerte y sea demasiado tarde.

¿No es mejor acelerar este proceso y entrar en aceptación de una vez? Esa aceptación que nos da la paz de aceptar que todas las personas y mascotas que nos rodean dejarán su cuerpo algún día. La muerte vendrá, y prefiero sentir la quietud emocional que ella representa ahora mismo, para darme cuenta que no debo perder el tiempo en ciertas banalidades y darme cuenta que sólo soy una gota de agua que viene al océano y que regresaré hacia él.

Por un momento me sentí en aceptación y la euforia del momento me inundó. Pero a ratos vuelvo a negación “puede resurgir en cualquier momento” dijo Kubler-Ross, y el ciclo empieza nuevamente. Espero algún día visitar la isla de la aceptación y quedarme allí todo el tiempo, hasta que llegue la hora de soltar este cuerpo y aventurarme hacia la unión con el todo.

 

Luis Alejandro Fernández

Abril, 2008

 

La explicación de las etapas fueron adaptadas de: <http://ig.gospelcom.net/Classes-E/ComunidadSanadoraWEB/Sesion4/cinco_etapas_morirSyB.htm>

 Fotografía de Eduardo Abel Giménez, tomada de: www.magicaweb.com/.../10/15/starway-to-heaven/

4月3日

La LLuvia

Para mi esposa en nuestro aniversario 

  La Lluvia

 Salpican mi rostro

miles de gotas de lluvia.

Ante el embate de ellas

mis manos se humedecen.

 

Sonrío mirando hacia el cielo

!Esto es un regalo!

El agua que emana de las nubes

Con una multitud de pequeños

cristales

Cada uno reflejando la belleza

de este universo de amor.

 

Son tantas gotas

Pero dentro de todas ellas

Mi preferida

La que más resplandece

Es la gota de tu amor

  Aquella con la que me quiero fundir

En un océano de felicidad

  Te amo

 

Abril 3, 2007

4月2日

Franco I: ¿A dónde vas?

  Él es un extraño en este mundo. A simple vista parece sencillo, pero demasiado sencillo como para verse normal. Cualquiera diría que es tímido, pero más bien es demasiado incisivo. Pareciera que no le importa nada, sin embargo se agobia mucho. Luce relajado siempre, pero por dentro mil preguntas se debaten en su cabeza. ¿Disfruta la soledad? Su travesía la hace sin compañía, pero siempre está acercándose a la gente. A algunos les inspira lástima, pero él sólo ve compasión. Sus semejantes lo ven como si fuera un loco, pero ¿qué acaso no están más locos a quienes observa? 

Franco parece debilucho, usualmente viste sudaderas y camisones grandes, camina cabizbajo pero no por pena o vergüenza sino más bien como reflexionando. Tiene el pelo corto, los ojos claros y una mirada que combina curiosidad con preocupación.  

Con la piel blanca, casi pálida, camina por las calles en su porte reflexivo. Pareciera que no envejece por fuera. Sus eternas inquietudes mezclan cierta inocencia molesta con una sabiduría perenne.

  Iba caminando en plena ciudad como es habitual. Se detuvo por un momento a descansar. Suspiró profundamente y miró hacia el cielo. Con el rabo del ojo izquierdo pudo notar un gran reloj que adornaba una mini-torre en un centro comercial. Una brisa fresca que venía del norte lo distrajo del reloj y giró su mirada hacia el otro lado. A lo lejos, el horizonte mostraba verdes montañas que hacían aún más pequeñas las nubes que apenas tapaban tímidamente la cúspide de los cerros.  Un frondoso bosque también se apreciaba a la distancia, y las pequeñas figurillas de un par de perros que correteaban por la llanura le provocaron a Franco que arqueara uno de los extremos de sus labios. Sí, era una breve sonrisa.

  La brisa acabó y la atención se centró nuevamente en el reloj. Un poco más abajo se leía el rótulo "Museum Fitness" y más hacia abajo aún se miraba por la ventana, en el interior del recinto, varias personas haciendo ejercicios como si estuvieran corriendo, pero sobre extrañas máquinas. Después de analizar con gran atención aquella escena, Franco no dudó en ingresar a ese lugar. "Es un gimnasio" pensó.  Al menos eso se podía deducir por lo que pasaba adentro del edificio y también por la parte de "fitness" en el rótulo de la mini-torre.

  El lugar era inmenso, ya adentro, la música electrónica que apenas se escapaba hacia el parqueo del centro comercial casi era ensordecedora estando en el interior. Hacia el fondo del gran salón, una clase de aeróbicos estaba en lo más y mejor. Se podía deducir por el sudor de la gente que humedecía los atuendos deportivos. Franco  se quedó en el puro centro de la sala principal, había una pequeña zona de pesas hacia la izquierda. Espejos la rodeaban por casi todos los costados. Un área de aeróbicos, que era la más grande, el escritorio principal de recepción y más hacia adentro había un área que parecía más en silencio pero en la que había mucha gente. Todos corriendo sobre unas bandas de hule que daban vuelta sobre sí mismas haciendo que la persona que las utilizaba no parara su recorrido, pero al mismo tiempo no se desplazara hacia ningún lado.

  Esto lo dejó perplejo. Caminó en dirección hacia estas máquinas, se detuvo como a tres metros de distancia de la hilera de bandas más cercana. Y girando su cuello de lado a lado muy lentamente observó con lujo de detalle el paisaje de jóvenes y viejos atletas que corrían "para ninguna parte".

  Por allá un rótulo decía: "Uso máximo de bandas elípticas 20 minutos"

  "Bandas elípticas" pensó. Ahora que ya tenía el nombre del aparato, se animó a acercarse a un señor que corría sobre una de ellas. Se puso justo del lado izquierdo de la máquina, y se quedó mirando a este enérgico pero canoso caballero. El viejo notó que lo estaban examinando, volvió a ver a Franco rápidamente, como para comprobar su sospecha y luego siguió mirando hacia el frente. Pasaron 3 segundos y retornó a comprobar que la incomodidad que sentía no era una circunstancia pasajera, sino que aquel extraño joven no paraba de mirarlo. Cuando el señor ya se disponía a preguntar a qué se debía aquella invasión a su privacidad y a su cruzada hacia ningún lado, Franco lanzó una inquietud con una seguridad solemne:

  -          ¿A dónde vas?